Allende  
 
 
 
Mañana será 11 de septiembre,

Mañana será 11 de septiembre, día cúspide del Salvador de Chile, día que a muchos de nosotros, si no a todo nuestro país, nos definió para siempre. De todo corazón yo me encontraré en pensamientos a las once de la mañana con mis compatriotas que depositarán una ofrenda floral ante la placa conmemorativa que lleva el nombre de nuestro Prócer en la calle Salvador Allende de Moscú.

Hace muchos años, cuando la lucha por el porvenir de Chile nos condenó a muchos a una larga espera en los más diversos lugares del planeta, en el más hermético silencio de quienes jamás se rinden, cada once de septiembre yo solía apartarme en un bosque de las afueras de Moscú, en un bosque del corazón mismo de Rusia, y allí les rendía un sencillo homenaje a los héroes caídos, y a través de ellos, a toda nuestra Patria que jamás se rindió. Y era como si cada árbol se transformara, como si cada árbol adquiriera de pronto la personalidad de quienes jamás serán olvido para mí. Allí estaban todos: Salvador, Víctor, Olivares, Armando Ponce, Pablito, Manuel, Martita, don Panchito, don Julio y tantos otros... tantos otros que, con sus miradas invisibles, me decían que todos los hombres volverían a ser hermanos. Sólo había que resistir un segundo más, un minuto, un día, una semana... o muchos años si fuera necesario. Resistir, resistir y resistir, incluso cuando ya todo el mundo pareciera olvidarnos. Y entre el rumor del follaje, yo oía nuestro Himno Nacional en un acorde invencible: "O el asilo contra la opresión". O quizá sólo fuera el viento allá arriba entre las ramas. A fin de cuentas... yo me encontraba solo en un bosque de Rusia, lejos y al mismo tiempo tan cerca de todo lo que me había sido entrañable. ¿Por qué hoy me decidí a contaros esto? No sé. Quizá, porque los años van pasando. Quizá... porque yo todavía sigo esperando que los hombres vuelvan a ser hermanos. O quizá... porque mañana otra vez me iré al bosque a conversar con mis seres queridos. Lejos, en plena Rusia. Cerca... en la empecinación de quien jamás olvida, aunque ya haya perdonado muchas cosas. ¡No me juzguéis con demasiada rigurosidad!

Afectuosamente. Eugenio Aguilera



 
 
 
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